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Zombis Políticos

Nunca subestimes el poder de un muerto. Esto es especialmente relevante por la conmemoración del Día de los Mártires. Los valientes estudiantes que perdieron la vida ese día son un recordatorio importante de las fricciones en la relaciones con Estados Unidos y de la importancia de la soberanía panameña para su población.

            Pero hay mártires que no son mártires mas que para un grupo particular de personas porque así lo quieren hacer ver. No hay que mirar más allá del reciente re-entierro de Arnulfo Arias Madrid, convertido ya en figura mesiánica por miembros de su partido. El ex-mandatario fue sepultado en su lugar de nacimiento, Penonomé, ciudad que queda a 15 kilómetros del lugar de deceso de otro líder de pedestal: Omar Torrijos.

            La obsesión del establecimiento político panameño por ciertos personajes históricos sigue el patrón latinoamericano del caudillismo. Por razones diversas, la predilección popular latinoamericana ha tendido a ser por personajes específicos en lugar de ideologías o partidos. En ocasiones un personaje representaba una filosofía particular, como el Che Guevara o Fidel Castro, pero incluso en estos casos la figura era de más importancia. El personaje debía tener el carácter necesario para impartir esa filosofía.

            En Panamá nos tocó en particular con las figuras de Arnulfo Arias y Omar Torrijos. Para mantener vivo el clamor popular por estos líderes luego de su muerte, ambos partidos los convirtieron en íconos, incluso cambiando el nombre del partido de Arnulfo a Partido Arnulfista.

            En lo personal me incomodan estos actos. Como politólogo prefiero ver los hechos y a los participantes de manera objetiva. Entre los muchos elogios que genera la invocación de la memora de Torrijos se olvidan los estragos de su atroz dictadura. En las celebraciones a la memoria de Arnulfo Arias se ignoran las iniciativas peligrosas de segregación basadas en su racismo. La beatificación obstruye el aprendizaje de los méritos y faltas de nuestros gobernantes.

            No todas las fallas son ignoradas, y con el tiempo la población se ha percatado de ellas. El tiempo también ha mermado hasta cierto punto la efectividad de la imagen de estos líderes expirados, por lo que los partidos se han alejado un tanto de estas tácticas. 

            Aún así el caudillismo no ha pasado de moda. El PRD denuncia a gobernantes como dictadores, pero continúan haciendo uso de la imagen de Torrijos. Los Arnulfistas cambiaron el nombre del partido a Panameñista, pero citan a Arias y su eterno “Volveremos”. Sigue sucediendo por dos razones. Primero, el pueblo no olvida. Nuestros previos gobernantes fueron la mujer de Arias y el hijo de Torrijos. Segundo, las instituciones lo permiten. Los amplios poderes del ejecutivo y su inherencia en los demás órganos del estado contribuyen a las condiciones para que la figura del hombre fuerte siga existiendo. La manera en que nuestro presidente actual, Ricardo Martinelli, utiliza las ventajas del ejecutivo es evidencia de este problema institucional.

            Será interesante ver que pasará con la figura de Ricardo Martinelli. Para convertirse en ícono, primero necesita el favor del pueblo, aunque sea por medio de tácticas políticas que nos debilitan como estado. Ya miembros de su partido lo han caracterizado como un “populista de derecha”, y sus iniciativas lo demuestran. Sus confrontaciones con los medios y con sectores repudiados por la sociedad, como los “empresaurios ladrones”, e iniciativas populistas como la Jumbo Feria con los colores de su partido vaticinan un impulso más grande por el favor de las masas. Siendo fundador de su partido y un personaje de carácter particular, no me sorprendería verlo en la bandera de su partido 10 años después de su muerte.

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Un interesante estudio de Panamá por Estados Unidos.